Centro
de Medios > Artículo


agosto de
2006
Fortalecimiento del sindicalismo a nivel nacional
Por Roberto Pagán, Presidente SPT, Local 1996
robertopagan@sptseiu.org
En la pasada
convención de nuestra Internacional, la SEIU, acordamos concentrar
esfuerzos en el fortalecimiento de varias áreas que entendemos
son indispensables para provocar un cambio en el balance de poder entre
la clase trabajadora y los patronos en el mundo. Ya explicamos nuestro
concepto de fortalecimiento del sindicato de base. Otra de las áreas
vitales a desarrollar es el fortalecimiento de los sindicatos en nuestros
respectivos países.
En las últimas
décadas, la clase obrera organizada en todo el mundo ha enfrentado
una potente contraofensiva patronal. El traslado de fábricas
a países con mano de obra barata, la aprobación de leyes
que entorpecen la organización sindical y la represión
abierta, han diezmado la representación sindical en la mayoría
de los países del mundo.
Puerto Rico
no es la excepción. De los años gloriosos de la Federación
Libre de Trabajadores en la década del 1920-1930, a la década
del 1940 con el papel que jugó la CGT en el desarrollo político
del país, hasta los años 60 en que mantuvimos un nivel
de representación sindical notable, se redujo a apenas un 7%
para la década del 90. El peso específico del movimiento
sindical disminuyó dramáticamente durante dicho periodo.
Sin duda la sindicalización de los empleados públicos
en el 2,000 le ha dado un nuevo impulso al movimiento sindical, pero
estamos muy lejos de alcanzar el nivel que nos permita influir de manera
decisiva en el desarrollo de una sociedad más justa.
El hecho
de que el 93% de los trabajadores del sector privado no esté
organizado y que los empleados municipales no gocen del derecho a la
sindicación son factores que abonan a nuestra debilidad relativa,
pero hay otros factores que inciden en esa realidad.
La división
del movimiento obrero
Si le preguntamos
a nuestros activistas de base cuál es la condición que
más afecta al movimiento sindical en Puerto Rico, la mayoría
contestará que es la división provocada por el liderato
obrero. Y la verdad es que no hemos sido capaces de reducir mínimamente
las tensiones entre nuestras organizaciones. Hace poco decía
en una reunión de varios sindicatos, que tenemos que comenzar
a discutir, si no las cosas que tenemos que hacer para alcanzar la unidad
de nuestro movimiento, cuando menos las cosas que no podemos hacer
si queremos que la unidad tenga alguna posibilidad en el futuro.
Por ejemplo,
no tiene ningún sentido montar un proyecto cuya estrategia de
crecimiento sea la de desbancar sindicatos que ya representan a trabajadores
de un sector, cuando el 85% de los trabajadores de nuestro país
están sin organizar. Lejos de fomentar la unidad, esta actitud
no provoca otra cosa que la guerra entre sindicatos. Y no creo que los
trabajadores tengan posibilidad de salir ganando en ese proceso.
Tampoco podemos
violentar acuerdos alcanzados durante un proceso de unidad, ni mucho
menos aparentar estar de acuerdo en un plan y en un objetivo de lucha
cuando en realidad lo que se pretende es utilizar una coyuntura para
propósitos particulares, puedan ser éstos válidos
o no. De lo contrario, los patronos no tienen que hacer mucho para provocar
nuestra derrota. Nosotros estamos haciéndoles el trabajo.
¡Qué
diferencia habría si fuéramos capaces de unir nuestras
voluntades para dar unos pasos que son urgentes para la subsistencia
y desarrollo de nuestro movimiento! Me refiero a:
1) Alcanzar un acuerdo de no agresión.
2) Establecer un mecanismo, con fuerza legal, para resolver las disputas
que sin duda siempre estarán presentes.
Sentar estas
bases mínimas nos permitiría trabajar sobre otros objetivos
estratégicos, tales como:
1) Definir
jurisdicciones específicas para evitar la confrontación
y la división de fuerzas entre trabajadores de un mismo sector.
2) Establecer la colaboración entre sindicatos en campañas
organizativas de trabajadores sin representación sindical.
3) Establecer un centro de investigación económica para
la negociación de convenios, la organización sindical
de empresas y el impulso de políticas macroeconómicas
favorables a los trabajadores.
4) Formación sindical
5) Formación política
6) Desarrollo de un bufete legal.
7) Obligarnos a la rendición de cuentas en aquellas acciones
que puedan afectarnos a todos.
Las posibilidades
podrían ser tantas como nuestra inventiva.
La posibilidad
de organizar los trabajadores no organizados existe. Nuestro Sindicato
inició hace dos años la organización de los programas
Head Start en Puerto Rico, que caen bajo la jurisdicción de la
llamada Ley Taft Hartley, sin que hubiese un acercamiento inicial de
los trabajadores. Es decir, iniciando el acercamiento directo del sindicato
hacia los trabajadores. Hemos celebrado elecciones con tres diferentes
patronos y hemos ganado elecciones en los tres programas, y en siete
de ocho unidades contratantes; a excepción de una unidad de 50
trabajadores que esperamos ganar en nuestro segundo intento. Hoy están
organizados bajo el SPT cerca de 600 trabajadores en Head Start, y continuaremos
creciendo.
Podemos parecer
ilusos al hacer estos planteamientos. Pero si en otros países
han logrado superar dificultades mayores, aún con serias diferencias,
¿por qué no podemos nosotros? El único requisito
indispensable es la honestidad individual y colectiva en el proceso.
El cambio
es constante e inevitable. Las decisiones que tomemos para lograr el
crecimiento, desarrollo y fortalecimiento de nuestro movimiento están
en nuestras manos
Contacto:
Roberto Pagán
(787) 775-0720