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18 de septiembre
de 2006
La unidad no caerá como maná del cielo
Por Roberto Pagán, Presidente SPT, Local 1996
robertopagan@sptseiu.org
"La
unidad se construye en la acción", nos dijo recientemente
el compañero Ricardo Santos, presidente de la UTIER, en una de
las reuniones que realizamos junto a la Coordinadora Sindical y otras
organizaciones, en las que analizábamos la llamada reforma contributiva.
"Tenemos que echar a un lado nuestras diferencias y comenzar algún
tipo de unidad en la acción," me indicaba el presidente
de la Central Puertorriqueña de Trabajadores (CPT), compañero
Víctor Villalba, en ocasión de la convención de
la Federación de Trabajadores/AFL-CIO a la que fuimos invitados.
Pero
¿a qué acciones se refieren? ¿Cómo es posible
lograr una verdadera unidad, si por un lado se habla de ésta
y por otro se ataca a las organizaciones y a los dirigentes con quienes
se pretende construir un movimiento obrero unido?
La unidad
es tan necesaria y urgente que todos hablamos de ella y ningún
dirigente sindical se atreve a cuestionar su importancia. Pero si examinamos
las acciones de algunas organizaciones es indudable que éstas
no conducen a nada positivo. La iniciativa organizativa Proyecto de
Solidaridad (PROSOL/UTIER) tendría un valor extraordinario para
la clase trabajadora si no fuera porque se dedica casi exclusivamente
a tratar de desbancar a uniones que representan trabajadores ya organizados
en el sector público. El resultado de sus campañas ha
sido el de trabajadores enfrentándose unos a otros, negociaciones
de convenios detenidas, la mayoría de las elecciones perdidas
por PROSOL y sin duda, el alejamiento de la posibilidad de la unidad
con los sindicatos atacados.
Nuestros
hermanos de la Unión General de Trabajadores (UGT) enfrentan
en estos momentos la agresión de PROSOL/UTIER en el Instituto
de Cultura y en el Departamento de Corrección. Igual le ocurre
a Servidores Públicos Unidos, a la Unión Independiente
de la Autoridad de Carreteras y a otras uniones del sector público.
En las elecciones que pronto se celebrarán en el Instituto de
Cultura podremos esperar el resultado usual. PROSOL fallando en sus
pretensiones y dificultando la posibilidad de acciones en común
para enfrentar la ofensiva patronal que tanto la UTIER como el resto
de los sindicatos sufrimos.
En un caso
mas condenable aún, el presidente de la Unión Independiente
de Edificios Públicos (UIEP/CPT), Federico Torres Montalvo, se
ha dedicado los pasados cuatro años a intentar invadir la unidad
apropiada de los conserjes del Departamento de Educación a través
de casos de arbitraje en el Departamento de Trabajo y por medio de legislación.
Montalvo no ha tenido escrúpulos en su intento de que los puestos
que ocupan los conserjes representados por el Sindicato Puertorriqueño
de Trabajadores (SPT), pasen a ser ocupados por nuevos trabajadores
contratados por la Autoridad de Edificios Públicos (AEP) y ver
así aumentada su matrícula, sin importar que cientos de
padres de familia se queden sin empleo.
Su más
reciente intento consistió en seguirle el juego a los políticos
durante la pasada crisis gubernamental para lograr la aprobación
de una absurda ley que nunca hubiese podido ser implementada. Una posible
interpretación de esta Ley obligaría a la AEP a ubicar
empleados de limpieza en las escuelas de nueva construcción,
muchas de las cuales sustituyen escuelas en operación en el DE
y por consiguiente hubiesen dejado sin empleo a los conserjes de las
escuelas que cerraban.
Por suerte,
un absurdo como éste no podía sostenerse y la ley fue
enmendada, aprobada en Cámara y Senado, y firmada por el Gobernador
el pasado jueves 31 de agosto. No sabemos si la UIEP se ha enterado,
pues en la escuela Luis Negrón López de Sabana Grande
que han abierto recientemente, se apareció el propio Federico
Torres pretendiendo que nombraran conserjes de la AEP.
Estos ejemplos
son precisamente el tipo de cosas que no permiten una coordinación
efectiva entre el movimiento obrero. Como hemos afirmado en el pasado,
estamos firmemente convencidos que para alcanzar una verdadera unidad
es necesario llegar a un acuerdo de no agresión entre las uniones.
El segundo requisito indispensable es la honestidad y la erradicación
de agendas escondidas, sobretodo en momentos cruciales como los que
vivimos recientemente durante el cierre de gobierno.
Si los cientos
de miles de dólares y las energías invertidas en estas
guerras fraticidas las dedicáramos a organizar al 85 % de los
trabajadores del país que aún no cuentan con representación
sindical, estoy seguro que el movimiento obrero gozaría de mayor
poder político, los trabajadores tendrían mejores condiciones
de trabajo y sueldo, y Puerto Rico contaría con un mejor servicio
público y una mas justa distribución de la riqueza.
Contacto:
Roberto Pagán
(787) 775-0720