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2 de enero de 2007

2007 por la solidaridad sindical
Por Roberto Pagán, Presidente SPT, Local 1996
robertopagan@sptseiu.org

Comenzamos un nuevo año con la esperanza, el ánimo y la disposición de superar viejos problemas y enfrentar nuevos retos, sin embargo el panorama por delante no es muy alentador.

Para el movimiento sindical de cualquier país, organizar a la clase trabajadora debe ser un objetivo estratégico. En nuestro caso, el 85% de los trabajadores no cuentan con una unión dejando así a un sector privado con una tasa ínfima de organización y sin poder real en ninguna industria, y a decenas de miles de empleados públicos de los municipios y la rama judicial sin derecho a la negociación colectiva.

En el seno de nuestra clase trabajadora se reproduce la profunda división político-partidista que envenena a todo el país, evidenciándose la necesidad de un mayor desarrollo de conciencia de clase social con proyectos, metas e instrumentos propios.

Bajo esas condiciones, contrarrestar la ofensiva que enfrentan las uniones de las corporaciones públicas, superar el estancamiento en las negociaciones con las agencias en el gobierno central y dirigir la propuesta reestructuración de gobierno hacia el mejoramiento y fortalecimiento del servicio público será muy difícil. Mucho más complicado será acabar con el empleo precario a tiempo parcial y lograr una mejor distribución de la riqueza en el sector privado y en la sociedad puertorriqueña en general.

La mayoría de los dirigentes y analistas del movimiento obrero puertorriqueño coinciden en señalar la división interna como su mayor debilidad, lo que anuncia como prioridad la necesidad de procurar acercamientos que permitan al menos una coordinación mínima, echando a un lado las diferencias que tenemos.

¿Cuál es la estrategia para revertir la debilidad del movimiento obrero y la falta de un proyecto político de masas que atraiga y responda a los intereses de la clase trabajadora?

La respuesta a esta interrogante debe ser lo suficientemente amplia e inclusiva como para que las distintas organizaciones y proyectos que conformamos el movimiento sindical podamos aportar y participar sin reservas.

Un escollo en esa dirección lo constituye la actual política de PROSOL-UTIER que es montar su proyecto organizativo –respaldado financieramente por la UTIER– con el único propósito de desplazar y destruir los sindicatos afiliados a uniones internacionales norteamericanas.

Sus principales argumentos no pasan de ser retórica sin fundamento. Como por ejemplo, que “esas uniones llegaron a atacar las bonafides que existían en el sector público”.

La historia revela lo contrario, como por ejemplo, en el caso de la principal organización sancionada por la Ley 45, la Federación de Maestros, que nació como una local de la AFT o las bonafides del SPT en el Departamento de Educación, organizadas desde mediados de los ´60.

En otras agencias, como en el Departamento de Hacienda, las bonafides se afiliaron a sindicatos más fuertes y enfrentaron y derrotaron la opción de marginarse y boicotear la Ley 45.

Los trabajadores votaron y decidieron inteligentemente... los que promovieron el boicot se estrellaron contra la realidad de que con la Ley 45 –aunque no llena totalmente las aspiraciones del movimiento sindical– hemos logrado un estado de derecho y de nivel organizativo muy superior a lo existente bajo las bonafides.

Por otra parte, para el SPT la afiliación a la SEIU nos ha significado un respaldo decisivo en nuestras campañas organizativas, apoyo económico en caso de conflictos y desastres naturales que afecten a nuestros miembros, así como una mayor influencia política, apoyo tecnológico, informativo y de formación sindical. Esto, nos ha permitido convertirnos en un sindicato destacado por nuestra participación activa en procesos importantes de nuestro país y por la militancia de nuestra matrícula en las movilizaciones y eventos.

(Por cierto, es una mentira infame afirmar que el SPT apoyó el impuesto del 7%, como lo hizo Pedraza Leduc en su fracasada campaña en Familia.)

Reiteramos nuestro rechazo a los intentos de desplazar uniones con el argumento patronal del pago de cuotas o utilizando acuerdos y subterfugios con los políticos y/o el patrono para desalojar al representante sindical constituido en una agencia.

Insistimos en la necesidad de alcanzar un acuerdo de no agresión como base mínima para iniciar un proceso de unidad amplio, profundo y coherente del movimiento sindical en Puerto Rico.

Muchos dirigentes sindicales estamos dispuestos a iniciar ese proceso, incluso a través de la mediación de algún amigo común. Confiemos que esta disposición sea compartida y que en el año que inauguramos dejemos atrás el lastre de la división y brille por fin la solidaridad sindical.


Contacto:

Roberto Pagán (787) 775-0720

 

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