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En días recientes, una delegación de la SEIU de la que formé parte, visitó Venezuela, sin dudas un país inmerso en un profundo proceso de cambio.
No me considero un conocedor de la realidad venezolana, pero he procurado seguir de cerca la “Revolución Bolivariana”. En los tres días de nuestra visita realizamos unas quince (15) reuniones con dirigentes sindicales vinculados a la Revolución y de la oposición, el Viceministro del Trabajo, el Ministro Salud, dirigentes de organizaciones comunitarias, fábricas ocupadas y algunos dirigentes legislativos. Con esa experiencia reciente, me aventuro a exponer algunas observaciones sobre la Revolución Bolivariana y el papel que juega en ella la clase trabajadora.
Independientemente de las críticas a su gobierno, no hay dudas de que Hugo Chávez Frías, electo a la presidencia por primera vez en 1998, prioriza y avanza en la implementación de reformas que ayudan a disminuir la pobreza y la profunda desigualdad en la distribución de la riqueza del país.
Se nacionalizaron empresas que habían sido privatizadas y han puesto mayores restricciones a las corporaciones petroleras privadas, provocando que Exxon y Conoco retiraran sus inversiones. Hoy las petroleras que no se han nacionalizado pagan un treinta y tres por ciento (33%) en contribuciones, en contraste con el uno por ciento (1%) que pagaban en los años 90.
El Centro de Investigaciones Políticas y Económicas de Wáshington DC reportó en un informe de julio de 2007 que:
“…la economía venezolana tiene un crecimiento sostenido a partir de la recesión del 2003, aumentando en un 10.3 por ciento en el 2006.
“El gasto del gobierno central ha aumentado de un 21% del producto bruto nacional en el 1998 a un 30% en el 2006. El gasto en programas sociales ha aumentado de un 8.2% a un 20% durante ese mismo periodo. El nivel de pobreza a base del ingreso ha disminuido de un 55% en el 2003 a un 30.4% en el 2006”.
Esas cifras no toman en cuenta el aumento en el acceso a la salud y la educación pública gratuita que ahora tienen los pobres del país.
Sin embargo, los ingresos del gobierno han crecido más rápidamente que sus gastos debido a las reformas contributivas, la nacionalización de empresas del petróleo y la disminución de la evasión contributiva de los negocios. “Incluso se han cerrado algunos por no pagar contribuciones, algo que no ocurría en el pasado.”
Ese aumento en recursos ha hecho posible que el gobierno haya instituido las “misiones” de solidaridad que han aumentado el acceso a la educación, el cuidado de salud, la alimentación, el agua y la electricidad a niveles sin precedentes.
El programa “Barrio Adentro”, que sigue el modelo cubano, es un sistema de cuidado de salud comunitario enfocado en la familia y la prevención. En 1998 habían 1,628 médicos de cuidado primario en Venezuela para una población de 23.4 millones. Hoy hay cerca de 20,000 médicos, la mayoría cubanos, para una población de 27 millones. Pudimos escuchar el testimonio de gente agradecida de los barrios pobres que ya no tienen que sufrir las carencias del pasado.
Fue impresionante además el encontrarnos con jóvenes provenientes de esos barrios haciendo su internado de medicina en el Centro de Salud de su vecindad. Algo inconcebible unos años atrás, y que hoy es posible gracias al acceso masivo a la educación gratuita hasta el nivel universitario. De igual forma nos encontramos con personas de cuarenta y cincuenta años que hacen trabajo voluntario en los centros de salud, preparándose para graduarse de enfermería.
En este momento se encuentra en discusión una Reforma Constitucional que pretende crear un cuarto y quinto poder. El poder “moral y luces”, dirigido a controlar el alto nivel de corrupción de la sociedad venezolana, y el “poder popular”.
Este último consiste en el reconocimiento constitucional de Consejos comunitarios, laborales y cooperativistas. No se sabe con exactitud el rol que jugarán, e incluso se cuestiona por algunos dirigentes sindicales el que los Consejos Laborales, bajo control de gobierno, pretendan limitar el rol político de los sindicatos y relegarlos a la mera negociación económica. Pero por otro lado se menciona el poder transformador que puede tener el que “la gente común” tenga las herramientas para impulsar cambios importantes en su entorno. A estos Consejos se les asignarán recursos económicos, llegando al diez por ciento del presupuesto en algunas localidades.
Por otro lado, es lamentable la debilidad y fragmentación de los sindicatos en Venezuela, que sin duda limitan el papel de la clase trabajadora organizada en este proceso. Sobre este particular abundaremos en nuestra próxima columna.
* El autor es Presidente del Sindicato Puertorriqueño de Trabajadores y ocupa una de las vicepresidencias del Sindicato Internacional de Empleados de Servicio (SEIU).
Contacto:
Roberto Pagán
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