
Imágenes de fila tras fila de estoicos pilotos de aerolíneas, hastiados estudiantes y miles de estadounidenses marchando por el centro de Manhattan han cautivado a la nación.
Aparentemente de la noche a la mañana, las espontáneas protestas fragmentarias en el centro financiero del mundo han florecido en un movimiento nacional desde Chicago hasta Los Ángeles que llama la atención sobre la grosera desigualdad en nuestra sociedad y la falta de voluntad de nuestros políticos para corregir este desequilibrio
Al tiempo que crece la ira y la frustración de los estadounidenses comunes y corrientes, las acciones de ´Ocupar Wall Street´ son un ejemplo poderoso de lo que está sucediendo en nuestro país. Mientras que los medios de comunicación y los expertos se obsesionan con lo que quieren los manifestantes de ‘Ocupar Wall Street’, los manifestantes ya han logrado sacudir nuestra conciencia como nación y forzado un debate nacional sobre todo lo que no funciona en nuestra economía.
La cruda verdad es que en este momento las cosas están bastante mal para la mayoría de los estadounidenses. Y aunque los estudiantes, adultos mayores y trabajadores no causamos el colapso económico, somos nosotros los que pagamos el precio.
Han pasado tres años desde que los directores ejecutivos de Wall Street colapsaron nuestra economía. Cuando Wall Street estuvo de rodillas, los contribuyentes estadounidenses acudimos a salvarlo con miles de millones de dólares en rescates ante la promesa de los grandes bancos de que invertirían en nuestra recuperación.
En cambio, los bancos utilizaron el dinero duramente ganado de nuestros impuestos para enriquecerse. A millones de estadounidenses nos robaron los empleos y medios de subsistencia. Se niegan a invertir en las pequeñas empresas que son las que impulsan la creación y el crecimiento del empleo en Estados Unidos, y siguen maltratándonos mientras estamos caídos, ejecutando las hipoteca de millones de familias.
Hoy en día, el 5% más rico de la población posee el 72% de la riqueza en nuestro país. Tenemos 25 millones de estadounidenses que buscan un empleo de tiempo completo. Y a los estadounidenses que tienen la suerte de tener un empleo, se les ha reducido el horario y los beneficios. Recientemente conocí a un trabajador en Chicago que me dijo que se había visto obligado a alimentar a su familia recogiendo comida en los contenedores de basura detrás de la tienda de abarrotes de cerca de su casa. No porque estuviera sin trabajo, sino porque le habían recortado el horario y simplemente no había suficiente dinero para mantener un techo que cobijara a su familia, pagar la factura de la luz y poner comida en la mesa cada noche.
Tenemos toda una generación de jóvenes a los que se les prometió buenos empleos si trabajaban duro, se atenían a las reglas del juego y asistían a la universidad. Ellos mantuvieron su parte del trato y después de graduarse no tienen perspectivas de conseguir empleo y han contraído una deuda sin precedentes.
Los estadounidenses vieron con horror esta primavera cómo los políticos republicanos tuvieron secuestrado al país durante el debate del tope de la deuda, cuyo resultado fue recortes perjudiciales a nuestras comunidades y más exenciones tributarias para los millonarios. Y esta semana el presidente de la Cámara de Representantes John Boehner y el líder de la mayoría Eric Cantor de nuevo le dieron la espalda al pueblo estadounidense al negarse a someter a votación el proyecto de Ley Estadounidense de Creación de Empleos
La rabia del pueblo estadounidense se viene gestando desde hace bastante tiempo y, ahora que ha explotado, no se puede contener. La importancia de ´Ocupar Wall Street´ no puede medirse por ningún conjunto de demandas. Lo que es más importante es entender los valores que unen a los manifestantes y la comprensión auténtica de lo que no ha funcionado en nuestra economía.
Podemos empezar a corregir los males de nuestra economía y responder a las crecientes demandas del pueblo estadounidense por poner al país de nuevo a trabajar y haciendo que Wall Street y las grandes empresas nos rindan cuentas por el daño que nos han infligido a todos.
Al preguntársele al premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz cuál sería la demanda que los manifestantes de ´Ocupar Wall Street´ debían plantearle a Washington ahora, no dudó en responder: crear puestos de trabajo.
No podemos comenzar a arreglar lo que no funciona en nuestra economía, sin la creación de buenos empleos. En el país hay trabajos que deben hacerse y hay millones de estadounidenses que buscan un empleo de tiempo completo. Es hora de combinar ambos para que Estados Unidos sea una nación más fuerte. Y ya es hora de usar el dinero que se amasa en Wall Street y en las salas de directorio corporativas en todo el país para que los estadounidenses regresen a trabajar.
El Congreso puede empezar por aprobar la Ley Estadounidense de Creación de Empleos y de inmediato ponernos a trabajar en la reconstrucción de nuestras carreteras y puentes obsoletos y peligrosos y asegurarnos de que nuestros niños tengan escuelas de primera clase. Podemos invertir en nuestras comunidades para mantener a los maestros en nuestras aulas, a la policía en las calles, a los trabajadores de la salud en nuestros hospitales y clínicas, y asegurar que tengamos suficientes bomberos para proteger a nuestras comunidades.
Los 2.1 millones de enfermeras, conserjes, conductores de autobuses escolares y otros miembros del Sindicato Internacional de Empleados de Servicios, (Service Employees Internacional Union), estamos codo a codo con los manifestantes pacíficos de ‘Ocupar Wall Street’. Aunque los sindicatos no podamos reclamar el mérito por ‘Ocupar Wall Street’, los afiliados de SEIU nos unimos a los manifestantes en las calles porque compartimos la creencia de que nuestro país necesita un cambio.
Nadie puede predecir lo que se le avecina al movimiento ‘Ocupar Wall Street’. Y ninguna institución ni persona debe tratar de ejercer presión sobre este colectivo de personas inspiradoras.
La importancia de las protestas de ´Ocupar Wall Street´ radica en el simple hecho de que todo lo que se necesita es un pequeño grupo de personas valientes que enciendan la chispa y cambien para siempre el curso de la historia. Los trabajadores automotrices de Flint, Michigan, encendieron esa chispa en la década de 1930 a través de sus huelgas de brazos caídos y cambiaron para siempre la industria estadounidense. Los activistas de derechos civiles encendieron la chispa con sus plantones y nos obligaron a enfrentar la desigualdad racial que envenenaba nuestra nación. Hemos visto encenderse esa chispa en la plaza Tahrir y en todo el Oriente Medio esta primavera árabe, en la que unos cuantos valientes inspiraron a millones de ciudadanos hastiados a desafiar a sus gobiernos y exigir una vida mejor. Es lo que he presenciado en mis últimos 30 años de organizadora sindical que ve cómo los trabajadores se arriesgan y defienden públicamente al sindicato en busca de la oportunidad de una vida mejor para ellos y sus familias.
Y es lo que incontables estadounidenses ven en este movimiento creciente de ‘Ocupar Wall Street’. Ven la oportunidad de recuperar la mismísima noción de Estados Unidos, en donde todos y cada uno de nuestros ciudadanos merecen la oportunidad de alcanzar sus sueños, de encontrar un buen empleo y que las próximas generaciones vivan mejor.
El pueblo finalmente está hablando. Ahora les toca a nuestros líderes y directores ejecutivos escuchar y responder.
Mary Kay Henry es la presidente del Sindicato Intyernacional de Empleados de Servicios (SEIU en inglés).
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